
En San Vicente, en la provincia de Buenos Aires, lejos de los centros urbanos se encuentra la quinta "17 de octubre" que pertenecía al General Perón y a Evita. Ese lugar lleno de enormes y diversos árboles albergó a la pareja presidencial de la que más recuerdos se tienen en nuestro país. Ese era su lugar de descanso.
Y ahí nos dirigíamos con los compañeros a pasar una tarde diferente, entre los recuerdos de nuestro líder y la nostalgia.
La quinta, que tiene unas 19 hectáreas de superficie está preparada para ofrecer visitas guiadas a los visitantes, además de talleres de distintas actividades como pintura, teatro, hotelería. Las visitas duran cerca de dos horas pero solo abarcan un tramo de la quinta, casi la mitad del terreno.
La visita comenzó alrededor de las 15:30, mientras nuestro guía que se presentó como Lucas nos invitaba a ponernos cómodos. Como éramos muchos nos dividieron en dos grupos. Al iniciar el recorrido, lo primero que nos cruzamos en el camino fue una enorme estatua a la que le faltan las cabezas y parece estar incompleta. Según nuestro guía, esas estatuas de unos tres metros de altura pertenecían al "Monumento al Descamisado", que fue mandado a construir por el General en 1953 para que sea parte del mausoleo de Evita. Comprendía 16 estatuas, pero solo se pudieron terminar tres. Durante la llamada "Revolución Libertadora" las estatuas terminadas fueron robadas, degolladas y tiradas al Riachuelo para hacerlas desaparecer. Cuando las pudieron recuperar, decidieron mantenerlas así, como testimonio de lo que pasó con su suerte y para conservarlas lo más parecidas a las originales.
La quinta estaba llena de regalos. Cerca de la entrada, se levanta un "Cruceiro", una especie de guía del camino, muy antigua, de origen europeo que Evita recibió como regalo después de un viaje como primera dama al viejo continente. Una caballeriza pequeña, un poco más alejado, también obsequio, en su momento escondía a Mancha, el caballo preferido que Perón.
Para el otro extremo, se levanta un torreón, que aunque aún sigue usándose para sostener el tanque de agua que abastece a la quinta, también era usado por Perón para llegar a su pueblo. En la parte superior, se preparó una radio desde la que emitía los mensajes por Cadena Nacional sin tener que regresar a la Capital. Y en la entrada, delante de la puerta, el General y su mujer pasaban horas sentados viendo la quinta.
Nuestros ojos se maravillaban y las cámaras no dejaban de despedir flashes. Se escuchaban algunos comentarios. Muchos de los que estábamos no solo no conocimos a Perón, sino que tampoco habíamos visto cosas de esa época. Muchos somos tan jóvenes que hasta parece raro para los curiosos que cantemos la Marcha Peronista con tanto énfasis.
La siguiente etapa de la recorrida es la casa que hoy funciona como museo. Una casa enorme repleta de objetos personales de los dos, pero especialmente de Perón. La casa fue saqueada en 1955 y destruida en gran parte, por esta razón, se hicieron tareas de restauración en toda la casa, trayendo objetos de su otra residencia "Puerta de Hierro", de España. Un pequeño recibidor con algunas placas nos llevan al living casi unido al comedor, muy amplios los dos, con cuadros, y objetos personales el primero, y condecoraciones el segundo. Un busto del General se impone en la sala, cerca del ventanal que cubre toda una pared. Del comedor se extiende un largo y estrecho pasillo cubierto de cuadros, de fotos y pinturas, uniformes exhibidos.
Recorrer esos pasillos repletos de historia nos levó un rato más del esperado. Cada foto, cada dedicatoria, nos obligaba a detenernos, a elogiar, a admirarnos. Por ese pasillo caminaban el General y Evita.
Ese pasillo conducía a dos dormitorios sencillos, la cocina, a un vestidor, un cuarto de aseo, todos muy sencillos, no muy grandes. Al final del pasillo, se encuentra un salón de armas donde Perón practicaba esgrima y otras actividades. Allí encontramos exhibidos documentos y elementos que fueron suyos y corresponden a la etapa final de su vida.
Salimos, no sabíamos que más faltaba por recorrer. El guía nos llevó a ver el tren presidencial, el tren que usaba Perón para viajar por el país. Se conservan solo tres vagones, que no pudimos ver por dentro. No pudimos evitar querer subir a la locomotora, poner nuestra bandera, sacarnos una foto ahí.
Cuando pensamos que ya habíamos visto todo, Lucas nos dirigió un salón moderno que tiene la "Exposición Justa Libre y Soberana", una galería de gigantografías de distintos momentos de la vida del líder y de nuestro país. Pronto vino la despedida .Nos anunció que si seguíamos el camino de la derecha nos íbamos a encontrar con el mausoleo adonde se encuentran los restos de Perón. Ese lugar más que místico, cargado de significado para nosotros se lo conoce como la "Plaza del encuentro", porque es el momento del encuentro con Perón, aunque no solo con él: es un encuentro con nuestra historia, la de nuestros compañeros, la de Evita, encuentro con nuestros orígenes, con nuestros objetivos, con el ejemplo a seguir, con sus aciertos y sus errores. No pudimos evitar cantar casi a los gritos para que él, desde donde este, nos escuche, delante de ese vidrio que nos separaba, la Marcha una vez más. Porque ya lo decía él y estaba en una pared "mi único heredero es el pueblo", y lo es, y será. Porque tenemos memoria, y porque sabemos que ese es el camino para un país mejor. El que él nos marcó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Dejá acá tu comentario