
"El periodismo es libre o es una farsa". Rodolfo Walsh
En nuestros días, el papel del periodismo está siendo muy discutido. No hay dudas de que la batalla que se libró en la sociedad para terminar con la antigua Ley de Radiodifusión de la Dictadura modificó el panorama mediático que conocíamos. La ley, establecida por decreto en 1980, nos tenía más que atrapados en un círculo vicioso que solo beneficiaba a los más poderosos y estrechaba el camino de la información. A partir de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, promulgada en el 2009 bajo de presidencia de Cristina Fernández de Kirchner se modificó lo acordado hasta entonces. La ley tiene como objetivos desmonopolizar los medios, democratizar los espacios, ofrecer más contenidos nacionales en las grillas, multiplicar las voces, entre otras medidas.
En éste marco de democracia nunca antes visto en nuestro país, donde todos podemos decir lo que pensamos y ahora tenemos nuestro espacio para hacerlo, están los periodistas, los comunicadores. Aquellos que todos los días trabajan para contarnos la realidad. Aquellos que día a día se encuentran entre lo que sucede y la manera que los medios quieren que eso sea contado. Sí, no seamos inocentes: no existe el periodismo independiente. Siempre que se habla, se lo hace desde un lugar en especial, desde las palabras que se eligen, pasando por las fotos, la ubicación en un diario, la franja horaria en la televisión o el tipo de programa de radio. Siempre depende de diversos intereses. Pero no siempre esos intereses son malos, no es cuestión de estigmatizar. El problema es cuando esos intereses son económicos y políticos, y son más importantes que informar. Por algo existen las líneas editoriales de los diarios, las radios, las emisoras de televisión, que los comunicadores deben acatar al pie de la letra. Cada uno tiene una intencionalidad, una manera de llegar a la gente.
Hay miles de maneras de decir lo mismo pero nunca se debe inventar, nunca se debe mentir.
El caso más paradigmático, que refleja intereses diversos y usa a la mentira como su as bajo la manga, es el del diario Clarín, que a fines de la década del noventa se convirtió en un grupo económico, con 270 licencias entre radio, televisión, medios gráficos y servicios de internet. Existen otros casos de monopolios y todos coinciden en un mismo problema, limitar la libertad de expresión. Ellos que muchas veces confunden a la “libertad de expresión” con “libertad de empresa” encierran a la información en un vaivén, en una reproducción de las mismas noticias.
En nuestro país para ser periodistas no es necesario tener licencia o matrícula habilitante, sino que por el contrario cualquiera puede ejercer la profesión. Cualquier persona puede escribir una columna, salir con una cámara, entrevistar a alguien, pagar un espacio y tener su propio programa en radio. No confundamos los términos: que haya libertad de expresión no significa que no sea necesario capacitarse. Existen muchas universidades públicas que la tienen entre sus carreras, aunque también hay otros establecimientos que buscan hacer un negocio de la educación, como los institutos que dicen que nos podemos recibir en pocos meses, u otros que nos quieren preparar en la praxis aunque no sepamos que decir.
Los que nos estamos formando en esta profesión creemos que es más que importante capacitarse para ser profesionales y no meros reproductores de técnicas o discursos. El periodista es más que un simple trabajador que cumple un horario, tiene una manera de vivir y lo hace para otros, para la opinión pública, para todos los ciudadanos. No es un personaje mediático que representa a un medio en especial, es un portavoz de los que no tienen voz.
Vivimos en un momento histórico, hoy tenemos espacios, podemos formarnos, tenemos las herramientas. Gracias a la nueva ley de medios, aparecieron y seguirán apareciendo medios alternativos a las voces dominantes, como los de las cooperativas, de las universidades. Este es nuestro espacio, el de los futuros profesionales. Podemos hacerle frente a los multimedios con un modo de hacer periodismo nuevo, podemos terminar con el vaciamiento cultural al que nos tienen acostumbrados, a la sobreinformación que nos tapa la realidad.
Los medios de comunicación son fundamentales en toda democracia, para que todos tengamos el derecho a informarnos de la mejor manera posible, como queramos. Que haya diversidad de opciones para elegir. Para saber lo que nos pasa, y lo que pasa. Para que no nos oculten nada, para que no nos mientan.
Hoy podemos hablar de un periodismo militante, el que nos demuestra que se puede trabajar en un medio y no por eso dejar de lado los ideales, las posturas políticas, la lucha por los derechos. Este es el objetivo de quienes pronto ingresarán (e ingresaremos) en los medios, que tendrán otro panorama, en plena libertad de expresión y esperemos, sin monopolios mediáticos. Con pluralidad de voces.
holaaaa gi.. sos muy buenaa segui asi. te dejo un besoo..
ResponderEliminarGracias Diego, otro beso enorme....
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