lunes, 11 de junio de 2012

Propuestas para una educación libre


Por Gisela Sánchez y Federico Belén

La educación como fuente de conocimiento es dentro de la cultura una forma de unificar a la sociedad y de otorgar igualdad de oportunidades a la hora de desarrollarse en las diferentes actividades. Para esto debe ser libre, pero los títulos, las licencias, las matrículas deben ser aprobados por instituciones públicas, por medio de tesis o exámenes previos que prueben la idoneidad de cada uno. Cuando hablamos de educación libre nos referimos a que cada familia tiene el derecho a elegir la instrucción de sus hijos desde distintos enfoques, ya sea laica o religiosa, privada o estatal.

Este debate sobre los tipos de educación viene de muchos años atrás, cuando en 1882, durante la presidencia de Julio A. Roca, se convocó en Argentina a un Congreso Pedagógico con el fin de elaborar una descripción de la realidad educativa del país. Allí se platearon dos posturas muy diferentes, la del ex presidente Domingo Sarmiento que proponía que la misma sea laica, mientras que José Manuel Estrada, por su parte sostenía que debía ser pública y religiosa, defendiendo al catolicismo. A pesar de los debates, en 1884 se sanciona la Ley 1420 conocida como Ley Laica que dispuso que la enseñanza debía ser obligatoria, gratuita y gradual, y aunque en los horarios de clase no se dictaran materias religiosas, éstas podían ser vistas de manera extracurricular. De todas maneras, con la ley, no disminuyó el poder de la Iglesia Católica, que se mantuvo firme y opositora a las medidas liberales de la Generación del ´80. Como dice Norma Paviglianiti, “creer, que con pequeños retoques en la educación se podría cambiar la sociedad no es solo una esperanza absurda, sino peor aún, una utopía”. Es decir, que a pesar de la implementación de determinadas leyes, las reformas en la educación, deben ser consensuadas por toda la sociedad para lograr un cambio. Al año siguiente, se dicta la ley1597 o Ley Avellaneda, que modifica la organización de las universidades, poniendo acento en la de Buenos Aires (UBA)por su peso político, y cuestionando la autoridad de la de Córdoba hasta ese momento coordinada por la Iglesia. Con esta ley se avecina la futura reforma de los claustros académicos del año 1918, en la que se reestructuran las casas de altos estudios, abriendo la educación a todas las clases sociales, más allá de su origen.

Durante las presidencias fundadoras, las de Bartolomé Mitre, Domingo Sarmiento y Nicolás Avellaneda, la educación fue una política de estado, donde se priorizó su papel, buscando homogeneizar a la masa poblacional, que presentaba grandes diferencias étnicas. Además en los programas de estudio se incluyó la historia oficial, con la exaltación de figuras ejemplares, símbolos patrios que unificaban el sentimiento patriótico. Entonces “la propuesta tradicional tenía dos características básicas: la cultura escolar reproducía el orden ideológicamente dominante pero, al mismo tiempo, este orden representaba una modificación sustancial de las pautas y contenidos de socialización utilizados por las instituciones particulares.”(Tedesco, Juan Carlos). El Estado tenía un rol central en la organización nacional y lo mantuvo durante mucho. 

En la actualidad, los sectores privados tienen gran participación en la creación de los planes de estudio, y no solo esto, sino que también otorgan títulos habilitantes desde los institutos privados y muchas veces más valorados que los estatales, puesto que incluyen más niveles de idiomas, informática entre otras opciones. La propuesta de los privados es preparar a los estudiantes con ciertos conocimientos que los posicionen bien en la escena internacional, muchos de ellos con prevalencia de historia mundial, inglés, computación dejando de lado cuestiones que los pensadores del 80 tenían como prioridad como el respeto hacia los símbolos patrios, la historia argentina, literatura latinoamericana. El Estado perdió su credibilidad y reputación en tanto fuerza organizadora, de gestión, mientras que se reivindica el individualismo en la toma de decisiones a tal punto que en muchos casos dentro del imaginario social se considera a la educación privada superior a la pública y muchas veces hasta como un gasto innecesario. Esto se relaciona por la falta de políticas públicas en materia educativa y la falta de inversión en el sector que llevó a los paros docentes, malestar social y escasez de las matrículas.

El Estado, entonces, debe reinvertir en educación pública, utilizando los fondos que son dispuestos para subsidios a escuelas privadas, en especial las católicas; fomentando la importancia del rol docente, revalidando sus salarios, (y terminar así con los “docentes taxi”). Por ejemplo, una de las falencias de las escuelas públicas que mejoraría el normal desarrollo de las clases y el seguimiento de los alumnos, es la ausencia en muchas instituciones de un Gabinete Psicopedagógico, con profesionales capacitados para esa tarea.   

“El Estado que dispone de medios para imponer e inculcar principios durables de visión y de división conformes a su propia estructura, es el lugar por excelencia de la concentración, y del ejercicio del poder simbólico”, (Bourdieu, Pierre). Cuando nos referimos a los medios no solo hablamos de lo material-económico sino también del capital cultural. El problema central no es la falta de fondos del Estado sino una mala utilización y administración de ellos. De esta manera el Estado volvería a tener un protagonismo en la escena pública, reviviendo su importancia, su historicidad y por ende su simbología. Por eso la propuesta es volver a valorizar lo público, desde la educación, porque el trabajo debe comenzar por el aula.
 
Bibliografía
 Paviglianiti, Norma. “Notas introductorias al marxismo clásico. Concepción del Estado y la educación.
 Bourdieu, Pierre. “Espíritu de Estado”
 Rodríguez, Lidia. “Educación y construcción de lo común”
 Tedesco, Juan Carlos. “La concepción de la educación en la historia argentina previa a 1880.

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